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El Presidente Wilson y su enorme fracaso en la Conquista del Nuevo Orden Mundial en la Europa Continental tras el final de la Primera Guerra Mundial

Para Kissinger, el mayor error del tratado de Versalles (que afectaba a Alemania) fue el artículo 231 60 Cláusula de Culpa de Guerra que declaraba a Alemania como única responsable de la Primera Guerra Mundial con medidas de castigo en todos los campos, político, militar y económico. Sin embargo, enfriados los ánimos, muchos observadores comprendieron que el origen de la guerra fue un conjunto de hechos que venían de largo y en los que todas las naciones europeas tenían su parte de responsabilidad. Ello llevó a que los pacificadores no aplicaran y dieran fuerza a los tratados de París consiguiendo fortalecer a Alemania geopolíticamente ayudada por el rearme. La amenaza de una guerra ya se vislumbraba desde el Reino Unido y desde Francia, hecho que se reforzó con la no sanción del Tratado de Versalles por el senado norteamericano y con el pavor francés a una Alemania rearmada, como fue la creación de la Línea Maginot, que dejaba las manos libres a los alemanes en el este (Polonia) ante esta posición defensiva francesa. Otro punto importante fue el no entendimiento anglo-francés en el periodo de posguerra.

Al final de la contienda, Gran Bretaña se halla mejor situada que Francia: ha vencido y no ha tenido ninguna invasión por parte de los ejércitos alemanes del Kaiser y tampoco ha sufrido destrucciones, exceptuando algunos bombardeos llevados a cabo por los zepelines alemanes. Sin embargo, la economía se resiente por los gastos derivados de la guerra. El abandono de la economía bélica y la creación de una economía de paz, la competencia con los Estados Unidos y Japón, la crisis del carbón y de la flota mercante. La crisis económica y social afecta a Inglaterra: inflación, problemas monetarios, paro, malestar social, reconversión, devaluación de la moneda (libra esterlina hasta 1929). A ello se uniría también la llamada cuestión de Irlanda y los problemas de gobernar un imperio tan extenso como la Gran Bretaña. En 1919-1931 se establecen diversos gobiernos bipartidistas que se van turnando entre liberales y conservadores: el liberal Lloyd George y los conservadores Baldwin, Chamberlain y Churchill. A partir de 1931, aparecen diversos gobiernos que impondrán un sistema de tripartito que sucede al bipartidismo. El Partido laborista (Mac Donald) aprovecha el declive liberal y, ya en 1929, alcanza la mayoría en los Comunes (288 contra 260). Desde 1931 a 1945, el Partido Conservador gozará, no obstante, de la mayoría, entre otras cosas porque, tras la reforma electoral de 1918, el voto femenino se incorpora decisivamente a las filas conservadoras. Aunque en el panorama político británico surgirá en estos años la Unión de Fascistas Británicos (BUF), de Oswald Mosley, que evoluciona hacia el racismo, el antisemitismo y simpatiza con el fascismo italiano, aunque su representación popular es muy minoritaria.

La década de los 30 y hasta el final de la guerra será patrimonio de los gobiernos conservadores. Entre 1929-1931, el Gobierno Laborista de Mac Donald se ve claramente ineficaz para poder resolver los problemas derivados de la crisis. Así que los conservadores serán quienes se enfrenten a los problemas de la depresión: la devaluación de la libra, la disminución de los subsidios de paro y el impulso de antiguas y nuevas industrias, dan lugar a un cierto despegue económico en 1934. La hegemonía mundial, sin embargo, hace años que está implantada en los Estados Unidos

Si tuviéramos que hablar de victorias sería la de Wilson sobre la opinión pública inglesa la que destacaría, que alcanzó a sus políticos. La orientación diplomática inglesa desde 1920 se comprometió realmente con la seguridad colectiva y ello creó la “especial relación” que ingleses y norteamericanos comparten en política exterior, si bien, cada uno con sus características particulares. En todo caso, el débil equilibrio de posguerra se quebrantó completamente con la ascensión de Hitler al poder en 1933 y el desinterés, por desilusión y aburrimiento, de los EE.UU, sobre los asuntos europeos. Esta situación se plasma en la desaparición de las ideas internacionalistas en los EE.UU, perdiendo todo objetivo en mantener el viciado Tratado de Versalles y los restantes del Pacto de París. Internacionalismo era la Sociedad de Naciones pero no la diplomacia internacional. Si bien sólo la Doctrina Monroe y el aislacionismo marcaron la política exterior de los EE.UU de posguerra. Los hechos se van sucediendo uno a uno forjando el esqueleto de lo que sería una devastadora guerra: la ocupación alemana de la Renania en 1936 tuvo un efecto psicológico nefasto en las democracias europeas y terminó con el Tratado de Versalles, la Guerra Civil española ofrecía la cara del fascismo en el sur de Europa amenazando a Francia por este flanco, la unión de Alemania y Austria (Anschluss), la ocupación de Checoslovaquia. A este cuadro se unió una inquietante alianza germano-soviética por puro interés geopolítico sobre Polonia.

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David Odalric De Caixal i Mata

Profesor David Odalric de Caixal i Mata; Historiador, Analista en Historia Militar y Geoestategia Internacional; Director General de SECINDEF (Security, Intelligence & Defense) International Consulting (Israelí & Spanish Company); Profesor de Protocolo y Diplomacia del Vaticano, Derecho Premial Nobiliario e Historia Eclesiástica y Heráldica en la ESPRI (Escuela Superior Universitaria de Protocolo y Relaciones Institucionales de Cataluñala (Universidad Europea Miguel de Cervantes); Miembro del Grupo de Investigación del LSTE (Universidad Autónoma de Barcelona); Director del “Research Group First World War Centenary 1914-1918 InstitutoEuropeo de Seguridad y Defensa-Imperial War Museum”; Miembro del Grupo de Investigación “Observatorio del Mediterráneo: Italia en la Primera y Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y la Guerra Fría” Università degli Studi di Bari.
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