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Con la Eurocopa acabada hemos cerrado la temporada y la victoria de Portugal ha llenado todas las portadas. Tristemente, lo futbolístico no siempre es lo principal en estas grandes competiciones. A menudo nos vemos salpicados con escándalos relativos a graves enfrentamientos entre aquellos que se hacen llamar aficionados, y qué solamente ensucian lo que para muchos otros es más que un deporte.

Francia, anfitriona de la máxima competición europea nivel de selecciones, ha visto como en sus ciudades se han juntado dos caras de la misma moneda. Por un lado teníamos aficiones tan afables y encantadoras como Islandia, Irlanda, Gales o Irlanda del Norte. Miles de cánticos, festejos pacíficos, respeto tanto por viandantes como por mobiliario urbano es lo que han dejado estas aficiones. A su favor se llevan el cariño y la simpatía de cualquier persona, les guste el fútbol o no. “Will Grigg`s on fire” es ya un himno gracias a los norirlandeses.

Esta pluralidad e integración son el mejor escaparate para demostrar que el fútbol une y donde las rivalidades son sanas. Donde lo más importante es disfrutar del espectáculo y respetar al rival.

Desgraciadamente en el lado amargo de la situación tenemos que señalar altercados por parte de otras aficiones. Rusos, ingleses, albaneses… no sólo montaban peleas callejeras sino que se jactaban mediante propaganda de la premeditación de esos hechos. Algo deleznable que debería obligar a los máximos organismos a tomar medidas disciplinarias al respecto. Sanciones económicas y deportivas tanto a las diferentes federaciones implicadas – pagan justo por pecadores, pero son ellas y los propios clubes los que pueden solventar el problema desde dentro– y sobretodo a los responsables. Sanciones penales y exclusiones vitalicias a cualquier evento deportivo para todo aquel que participe en estas peleas. Además, de intentar incrementar la seguridad en los alrededores de los estadios y en la propia ciudad para que estos actos no acaben en tragedia.

Aún así, debemos celebrar y tomar ejemplos de aquellas aficiones cuyo único objetivo es divertirse, disfrutar de un evento como la Eurocopa y animar a su selección. Y todo esto, no sólo sin molestar ni enfrentarse a las aficiones rivales, sino en muchas ocasiones celebrar la fiesta del fútbol junto a ellas. El respeto es la base que todo aficionado debería tener.

Alejandro Barbero

Alejandro Barbero es estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado en medios deportivos como Goal.com y Fiebredefutbol.com, entre otros.

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